miércoles, 25 de noviembre de 2009

DE LA DE-FORMACION A LA FORMACION DE INVESTIGADORES

Como es costumbre en la tradición santandereana del país, cuando evidenciamos la crisis de un fenómeno social asumimos que reglarlo, normatizarlo, institucionalizarlo es el camino de solución mas expedita. Es curioso como se asume que las normas devienen prácticas y no al contrario. Así, hace ya 16 años, con la promulgación de la ley general de educación superior (ley 30 de 1992), se inició el desarrollo normativo institucional de eso que se denominó la formación en investigación y la formación de investigadores como problema pedagógico administrativo en las Universidades colombianas.

El espíritu de la ley que privilegiaba la autonomía, la auto-evaluación, el diálogo inter-pares; y esperaba que de allí floreciera todo una nueva ecología virtuosa a través de la cual el país saliera de su rezago comparado, no con el Africa Subsahariana, sino con su propios pares regionales como Mexico, Chile, Argentina y ni que decir Brazil. Dicho espíritu ha venido encontrando varios escenarios amenazantes y algunos esperanzadores. El primero de los riegos es que la autonomía esta cediendo paso a la heteronomía, donde cada institución se hace a su mundo, bajo sus propias reglas y disposiciones, que se sostienen sólo en el recurso a la autoridad formal; la auto-evaluación se viene confundiendo con los circuitos de los mutuos elogios; y el diálogo inter-pares, fue sustituido por sistemas automáticos de verificación de indicadores homogeneizantes.

La segunda fuerte amenaza es que hemos asistido a un proceso de de-formación sobre las implicaciones y las condiciones para la investigación, por varias razones: en primer lugar porque se decretó la investigación, los semilleros y las cátedras de metodología, sin sustento alguno a tradiciones, trayectorias o intereses académicos en construcción. Se pedagogizó la metodología como centralidad en la formación de profesionales y nuevos investigadores, bajo el supuesto que la instrucción sobre recetarios de técnicas o ficticios ejercicios de Estados del Arte, terminarían por allanar el camino verdadero de la investigación de categoría mundial - muchos de tales espacios se han edificado sobre la epistemología a la colombiana que todo lo reduce a la diferencia entre lo cuantitativo o lo cualitativo como contenedor de todas las manifestaciones y prácticas de la investigación - Y frente a esta, tal vez pesimista o al menos escéptica lectura, no se puede negar el mantenimiento y surgimiento de algunos espacios en donde el problema no ha sido el de las políticas de investigación entendidas sólo en su carácter normativo (decreto, formalidad, retórica ordenadora) sino que se han desarrollado como respuesta a una práctica y una base acumulada de conocimiento desde la experiencia de investigación en sentido estricto, no desde la mera lectura esquemática de libros sobre métodos.

El IESCO y la Maestría en Investigación de Problemas Sociales Contemporáneos, han sido, hasta ahora, uno de esos espacios. Pero para evitar caer en una lectura esencializada de dicha propuesta dado mi afortunada experiencia como docente-investigador en ella, quisiera compartirles algunos de los elementos con los que me encontré en el proceso de formación de los estudiantes de la Maestría a través de los talleres de tesis 3 y 4 (períodos académicos 1 y 2 de 2009).

En primer lugar, me encuentro con un grupo de estudiantes profundamente marcados por el paso deformativo por los cursos de metodología de investigación en el nivel de pregrado, en donde contra todo proceso mental se le pide a el o la estudiante, que en condición casi de iluminado, formule una pregunta de investigación y luego la valide con una revisión del Estado del Arte (como si esto fuera una especie de tarea tipo lista de chequeo). Apenas lógico pues el congelamiento cuando de responder a mi pregunta: De dónde parte su interés de investigación en términos de su experiencia personal? Y mucho mas aún cuando la pregunta se movía hacia cuál es el contexto histórico - situacional de sus posibles ámbitos de investigación? Los y las que primero se atrevieron a dar cuenta de la dificultad de dar respuesta a estas preguntas afirmaron que sus intereses y su historia nunca habían sido tenidas en cuenta como parte del proceso de formación en investigación.

Hay múltiples razones para explicar este fenómeno, pero yo apenas atino a señalar algunas: el supuesto, decimonónico y todavía positivista, de que el único lugar para construir una apuesta de investigación es derivando / bebiendo / referenciando una teoría específica; directamente atado a este principio, la actitud de considerar al estudiante como tabula rasa, recipiente contenedor, lejos de todo reto o posibilidad de pensamiento propio; y por último, el mantenimiento de la subordinación en el pensamiento latinoamericano, pues se ha dado en aceptar que teoría equivale a aquellos grandes meta-relatos (casi todos anglo europeos) desarrollados en los supuestos “centros del pensamiento”, mientras que la historia y el contexto cercano son el lugar de la aplicación, la verificación y cuando mas , de la etnografía.

En segundo lugar, encontré una carga casi inmovilizante por el formalismo y el procedimiento, como si la investigación se desarrollara según una formula única, lineal y teleológica. En este escenario el sentido del proceso sólo atinaba a ser representado como fragmentos que se evacuaban uno a uno, es decir, después de tener una pregunta problema, defino un marco teórico, planteo unos objetivos, selecciono una metodología, aplico instrumentos, sistematizo la información y preparo informe final. De nuevo algunas hipótesis de como se aprende esta secuencia: no existe distinción en muchos procesos de formación en investigación entre el proceso de exploración, el proceso de construcción y el proceso de escritura y formalización, de ahí que muchos de las estrategias de formación en investigación partan y tengan como columna vertebral los formatos de presentación de proyectos (ahora genéricamente llamados Formatos Colciencias) y no los ejercicios de permanente problematización, de la exploración reflexiva y de la crítica a los métodos. La segunda hipótesis es que muchos de los docentes / instructores de los cursos de metodología no son en si mismos sujetos de la experiencia continua o de la práctica cotidiana de investigación, escenario donde la formalidad de ciertos métodos y ciertos formatos aparecen como lazarillo fundamental para guiar una proceso de investigación no comprendido como práctica sino como técnica o función. Y en tercer lugar, y casi como paradoja, a pesar de la evidente marca de la “tecnología del método” como supuesto dilema central derivada de los cursos de metodología de investigación en sus experiencias formativas previas; cuando de discutir y debatir lo metodológico, eran justo esos verbos los que no aparecían. De hecho, el título de metodología es uno de los característicamente mas cortos en la presentación de propuestas o informes de investigación, y este caso no era la excepción. Mas aún, discusiones sobre el tipo de archivo o las implicaciones del tratamiento de una fuente en uno u otro sentido, parecían inicialmente estrambóticas o poco operativas.

Unas hipótesis finales de como se llega a esta condición: lo primero es que si la “tecnología método” es en tanto su propia casuística, lo único que queda es seleccionar una combinación “pertinente y coherente” de esos métodos y técnicas (hay pocas discusiones sobre los contenidos y usos de estas dos categorías convertidas en discurso popular cientificista y reducidas a meros lugares comunes); lo anterior nos lleva a la otra hipótesis, y es que se supone se puede hacer investigación desde el afuera de sí, desde la selección fría de una técnica y “aplicación” acrítica de dichas elecciones. Pero qué hace diferente y destacable tanto el espacio IESCO como su Maestría, que se pretende para formar investigadores en ciencias sociales; pero sobre todo, qué hizo tan especial esa zona de conocimiento próximo que se articula en el encuentro entre investigadores y maestrantes? Para no perder coherencia con la línea de argumentación anterior, aventuro algunas hipótesis al respecto, surgidas todas ellas de los talleres y los espacios de tutoría:

Lo primero a mencionar es que la maestría en investigación de problemas sociales contemporáneos surge muchos años después de la experiencia acumulada en líneas y proyectos de investigación dentro del Instituto, es decir, la Maestría recoge una base acumulada de conocimiento y una trayectoria de investigación ampliamente consolidada. Pero lo importante aquí no es esta base acumulada de conocimiento en tanto reconocimiento externo, sino en tanto experiencia de investigación, es decir, la mayoría de los profesores que han circulado por la Maestría son sujetos de múltiples y diversas historias de investigación, con sus avatares y sus aprendizajes. En otros términos, el profesor del IESCO esta poniendo en juego su propia práctica de investigación en tanto proceso de formación.

Pero el único que se pone en juego no es el docente - investigador, el estudiante - investigador también esta profundamente jugado; y esta es tal vez una de las mayores fuerzas que se despliega en la Maestría del IESCO. De aquí mi otra hipótesis: En la mayoría de las entrevistas de selección que realice para aspirantes a la maestría, frente a la pregunta de por qué seleccionar este oferta frente a la varias otras disponibles en la ciudad, dentro del rango institucional y de precios comparable? la mayoría respondían que la decisión la motivo el carácter de instituto de investigación.

Dos cosas surgen de dicha posición, la primera es que la decisión era altamente informada, y segunda que la decisión era por la formación en la investigación en sentido estricto. De aquí la primera gran apuesta de estos estudiantes. La segunda, era que muchos de ellos, en su vida diaria y laboral estaban profundamente cuestionados por el estado de cosas de los entornos que enfrentaban y reconocían en la investigación una opción por el pensamiento y por la acción con dimensiones cualitativamente diferenciadas.

En suma, mi experiencia docente se desarrollo frente a unos estudiantes-investigadores que no definían su paso por la Maestría, ni su proceso de formación, por la obtención de un título mas para la egoteca o la supervivoteka. De allí que el proceso de formación en investigación estuvo todo el tiempo marcado por esas apuestas de fondo, personales y académicas, ni que decir éticas y políticas.

En particular los talleres y tutorías también permitieron avanzar y aprovechar las convergencias temáticas de los proyectos, al tiempo que construir un ejercicio que partía de una premisa, y es que uno no encuentra las respuestas a su problema de investigación por el mero ejercicio del ensimismamiento solitario y el énfasis exclusivo en su tópico de trabajo. En la experiencia colaborativa se destacó como cada uno construye muchas de las respuestas cuando le pone marcos de referencia o medios de contraste a la reflexión que está haciendo; porque de hecho, cuando se está muy metido en la reflexión propia, se encuentran zonas fangosas de las que no puede escapar.

Lo anterior me permitió confirmar que la investigación en sentido estricto es una opción de vida y una vocación, mas que una función institucional; y así se lograron explorar caminos de colaboración, entre los colegas - estudiantes, escenario que dejo enormes satisfacciones y ejemplos demostrativos de hasta donde se puede llegar cuando se rompe el solipsismo en que nos hemos dejado confinar los cientistas sociales en este país.

De este proceso pude ser testigo de la manera fina, profunda y comprometida con la que estos estudiantes investigadores asumieron su proceso de formación en investigación. Compromiso que los llevo a capitalizar sus experiencias personales, no para reificarlas, sino para re-visitarlas reflexivamente. Les obligó a problematizar críticamente, una y otra vez, sus formulaciones, sus elecciones metodológicas, sus referentes conceptuales, sus formas de construir y leer sus archivos, sus propias seguridades y comprensiones naturalizadas. Todo para trascender ese tecnicismo teleológico en el que estamos convirtiendo la investigación; y desde allí asumir el reto y la decisión de construir una perspectiva de investigación propia.

Me quedo con las discusiones con estos estudiantes que no sólo me enriquecieron, sino que me ayudaron a clarificar y precisar muchas de mis posiciones, pues el debate y la crítica académica no es sino ese ejercicio de revisitarse y traducirse permanentemente, para nunca caer en la circularidad narcisista y no perder así el horizonte del encuentro comunicativo con el otro y el nosotros.

Quiero agradecer la generosidad de los Estudiantes de la Maestría en Investigación de Problemas Sociales Contemporáneos, pues con ellos comprendí que la producción de conocimiento no es un fin último y superior, ni un problema técnico-metodológico; sino una pura mediación (estar en un medio o en medio de); y así, entender que la formación de investigadores es la exhibición de esta mediaticidad, en tanto ejercicio de hacer tan visibles los medios como los fines, no desde la distancia, sino en el puro encuentro de prácticas, subjetividades e historias.

Esta Maestría, es un espacio con un valor ético, político y académico para toda la sociedad colombiana, no en el sentido de los indicadores formales (tasas de graduación, de deserción, niveles de productividad, etc.) sino desde la defensa a aquello que ha sido el blanco de muchos de los conflictos y las exclusiones en este atribulado y enfermo país, la diferencia.

ACTO 3 – Moldeando el futuro, deformando el pasado, ficcionando el presente

ENTREGA DEL INFORME DEL SALADO: “Esta guerra no era nuestra”, septiembre 22 de 2009.

En el salón principal del Museo Nacional se desarrollo el ceremonial de entrega y venta del segundo informe del Grupo de Memoria Histórica de la CNRR, este dedicado a la masacre de El Salado. La jornada se abre con el himno nacional cantado por dos hijos de sobrevivientes y el músico de Andrés López y su “escopetarra” (una combinación de un rifle Winchester y una guitarra eléctrica Stratocaster, como recurso metafórico a la idea de la “transformación” o tal vez de la “transición”? En cualquier caso es bizarra la imagen de un rifle, que aunque despide música, se ve como rifle, detrás de unos niños cuyos padres, familiares o amigos fueron masacrados con un instrumento similar).

El encuadre general del evento se mantiene en aquella relación simbólico – emocional, no como construcción de un nuevo orden de sensibilidades, sino como recurso de neutralización. De allí el uso de imágenes y presentación de niños como representación de la inocencia, del vaciamiento histórico en pro de nuevo comienzo. El evento es presentado explícitamente como “certamen de carácter nacional” (Reality en mis términos).

La siguiente intervención en el programa fue la de Frank Peral, Alto Comisionado de la Presidencia para Procesos de Paz. El marco inicial de su presentación parte desde justificar la necesidad de equilibrar las nociones de justicia y paz (que ante lo contra evidente es la justificación de la injustita). El Salado es referido como un fenómeno genérico de la violencia en Colombia, en donde se plantea que “el olvido de El Salado es culpa de todos” (un agente del Estado que desplaza la responsabilidad del primero hacia la sociedad). Finalmente ubica el informe como “un paso adelante” donde la masacre se ubica como una “vergüenza del pasado”, y se augura un “mejor futuro para los niños” (de nuevo el renacer, la evocación a un pasado oscuro y la referencia a un futuro de luz, donde el pasado esta marcado por la línea temporal antes de la primera elección de Álvaro Uribe Vélez).

La siguiente presentación la desarrollo Gonzalo Sánchez, coordinador del Grupo de Memoria Histórica de la CNRR. La primera aclaración de Sánchez es la ubicación de la principal audiencia para el informe afirmando que “los destinatarios son las propias víctimas” (a pesar que el informe sólo hace una sistematización de hechos y eventos de la masacre. En tal sentido no se entendería porque los sobrevivientes puedan ser los depositarios de su propios relatos, el ciclo aparece tautológico). Sánchez plantea, declara y casi decreta, en su condición de experto “son tiempos de memoria” (de nuevo deslizando la discusión sobre el tiempo de la justicia y el tiempo de la verdad). El grupo de Memoria Histórica se posiciona desde el lugar de terapeuta pues según Sanchez “Memoria Histórica ha escuchado a las víctimas” Una posición cuasi privilegiada y benevolente ante la “indolencia social y política que prevaleció” (de nuevo la evocación a un pasado oscuro y un presente de luz, en este caso la línea divisoria es el de la llegada de Memoria Histórica a cada caso emblematizado).

En igual sentido que la presentación anterior, se apela a las referencias genéricas de la guerra con expresiones como “las huellas que la violencia deja en las comunidades” (invisibilizando móviles, responsables, estrategias, lógicas de guerra y economía política de la masacre). Se aclara que el informe es una “reconstrucción de la masacre desde la perspectiva de las víctimas” (que supone esta aclaración, que el informe es una sistematización de testimonios?; o que el equipo de expertos delimitó las fuentes y el archivo sólo a los testimonios, para evitar entrar las implicaciones de ampliar la historicidad de la masacre mas allá del testimonio, es decir, incluyendo la discusión sobre los puntos invisibilizados mencionados antes).

Las demás motivaciones del informe se encuadran como la necesidad de “oponer” el argumento de las víctimas al de los victimarios (se refiere esto a una contienda de verdades posibles? Y si es así, implica ello la inauguración de un nuevo campo de batalla que se le impone a las víctimas, el de la demostración de la legitimidad de sus recuerdos, de sus historias, de sus testimonios?); en segundo lugar, responder al “por qué” de la violencia (sobre estos detalles no se hizo ninguna precisión en el anterior evento ni en este); y finalmente, el informe aporta al derecho a la no repetición desde la noción de “no olvidar”.

Como última discusión, Sánchez presentó las recomendaciones del equipo de expertos que elaboró el informe, las cuales se concentraron en dos aspectos centrales: por un lado el paquete estándar de la retórica del desarrollo; y en segundo lugar, la instalación de la centralidad del saber experto, desde la entrega de una “caja de herramientas” que produjo el Grupo de Memoria Histórica (en donde se establece una idea de memoria, un procedimiento para construirla y unas formas para facilitarlo).

La siguiente presentación estuvo a cargo de Andrés Fernando Suárez Relator de la investigación sobre la masacre de El Salado. Suárez comienza por poner palabras y hacer explícito su deseo (que estuvo velado en la sesión del 21 de septiembre): “mi experiencia personal” debiera ser “experiencia colectiva”. De nuevo apela al archivo fotográfico de las familias para desde la imagen de los rostros de las víctimas “devolverles la humanidad” (quién los deshumanizó, o quién tiene la potestad de re-humanizarlos?). Se justifica la catarsis social a expensas de las víctimas realizada en la sesión del 21 de septiembre, pues en esta presentación Suárez afirma que “el recuerdo duele, pero es un deber de las víctimas” (aún el recuerdo se asume como otra mas de la lógica del sacrificio de las víctimas, aunque de él no devenga cambio en las estructuras de exclusión, estigmatización e injusticia).

Toda la discusión de Suárez se afinca en la idea de que el informe esta soportado en la “historia de vida de las víctimas”, a pesar de que sus historias sólo aparecen como imagen de 3 segundos en un pase de diapositivas, en medio de la narración dramatizada de Suárez. Para luego concentrarse sólo en la epidemiología de la masacre.

La siguiente presentación fue de Leída Narváez, representante de las víctima sobrevivientes de El Salado. Leída enfatiza su presentación en el reclamo por la realización de los derechos políticos y sociales para su comunidad, no sólo de servicios, pero del derecho a ser reparados. Plantea la cadena de incumplimientos de los compromisos gubernamentales. El marco de sus reclamos se hacen en tanto comunidad de familias desplazadas (posición comprensible, pues el proceso de acompañamiento de diversas ONG a este grupo se planteó en el marco de la ley 387 de 1997, no desde la Ley de Justicia y Paz). Se afirman en su identidad campesina y como recurso final apelan al llamado por la colaboración y la ayuda (con algo de desesperanza aprendida). Quedan las sentencias principales de Leída:


“hoy todos se darán cuenta qué fue mentira”
“no nos apaguen nuestras voces”
“tenemos derecho a reclamar”
“cuando nos van a cumplir”
“sólo pedimos lo que nos quitaron”
“queremos una paz transparente, no una paz de mentira”

La presentación central fue la de el Vicepresidente de la República, Francisco Santos. El mensaje de apertura del VpR fue dejar claro que la masacre de El Salado es algo que “se viviera en nuestro pasado” (si la masacre fue 10 años atrás y el régimen en ejercicio cumple 8 años, la marca temporal que divide los tiempos de la historia de Colombia estará claramente marcada por antes y después de Uribe Vélez). Lo segundo es que el VpR se presenta a si mismo como representante del Estado, con mayor énfasis afirma ”aquí yo represento al poder Ejecutivo, al judicial y al legislativo” (el poder gubernamental equivalente a poder soberano?).

La siguiente fase de la presentación fue la retórica de excusas institucionales, con un matiz particular, y es que el VpR pide perdón por la falta de atención del Estado en los años posteriores a la masacre, que no por la masacre en si misma, pero justo después presenta las cifras del “esfuerzo del gobierno” para la atención de víctimas (uso de las cifras genéricas, donde medias y frecuencias ocupa toda la centralidad y la particularidad de las víctimas de El Salado, se ubica en consecuencia como dato espúreo).

La tercera fase de la presentación de la VpR fue iniciar la defensa de la ley de justicia y paz (la necesidad de defensa evidencia el reconocimiento de la precariedad del instrumento), ante lo cual asegura “el fallo histórico de la ley de justicia y paz será generoso y favorable” (de nuevo despliegue justificatorio, pues el presente si es contra evidente a tal afirmación). El VpR hace un “llamado a la Corte Suprema de Justicia para que facilite los procesos de Justicia Transicional y que facilite las imputaciones” (desplazamiento de la responsabilidad de la concepción del instrumento sobre el proceso de ejecución y los actores – por fuera del ejecutivo – que desarrollan la ley). Además planteó que “la Fiscalía esta detenida en tecnicismos jurídicos que le imponen los jueces” (de nuevo el sistema de justicia es, según el, la fuente de injusticia, y la razón para que la ley 975 sea un fracaso en dichos términos. El ejecutivo como el gran benefactor. Es curiosa la referencia al tecnicismo jurídico, pues la ley de justicia y paz fue concebida en el gobierno justo bajo dicha perspectiva).

El siguiente argumento central de Santos fue su lectura sobre quién es víctima. Inicia con una referencia a “los policías víctimas por los ataques de las FARC” en los Montes de Maria (peligrosa referencia como encuadre de la discusión sobre víctimas, pues los autores de la masacre de El Salado justificaron su barbarie por su interés de dejar una marca emblemática sobre un pueblo, en sus términos, colaborador de la guerrilla. En tal sentido la idea de que las víctimas fueron los policías atacados por las FARC produce una encuentro entre los encuadres narrativos del VpR y los Paramilitares).

Ante el llamado a una presencia del Estado no militar en la zona, por parte de las víctimas, Santos afirma que la “desmilitarización no es la solución, pues esta contradicción fue la causa de la masacre” (lo particular de los hechos históricos es que una guarnición de la Armada Nacional estaba asentada a 25 kilómetros de la masacre, y durante los 3 días de duración de la misma no hubo ninguna presencia militar estatal).

Desde allí emprende la defensa de la Política de Seguridad Democrática – PSD, justificándola, no en tanto “estrategia de guerra, sino como cambio de mentalidad, un nuevo paradigma” pero el recurso retórico utilizado es la “predica” que comienza con la afirmación que “hasta el 202 no supimos operar” (de nuevo la marca de tiempo, el revisionismo histórico donde todo lo oscuro, inadecuado y el caos se ubica del 2002 hacia atrás).

Frente al informe construido por el Grupo de Memoria Histórica, reconoce la “rigurosidad” y la importancia para el registro histórico del país, informe que según Santos no hubiese sido posible sin la autonomía entregada por este gobierno, explícitamente afirma “la verdad no ha sido manipulada, de ahí que el gobierno a promovido el funcionamiento de la CNRR y del Grupo de Memoria Histórica”. De allí plantea una invitación a que “ la verdad sea la base de un futuro prospero, pero no para el señalamiento” (esta expresión conecta con el informe de la masacre de Trujillo, pues durante la entrega del mismo en la primera semana de la memoria, Santos afirmó que “la memoria y la verdad de las víctimas las obliga al compromiso con el perdón y la reconciliación”).

Termina su referencia al informe estableciendo una relación de acontecimientos como derivación de la ley 975 de la siguiente manera “gracias a la ley de justicia y paz, se garantiza el trabajo del grupo de memoria histórica y en consecuencia se da la participación de las víctimas” (el informe termina realmente siendo un instrumento de legitimación gubernamental, en donde tanto los testimonios de las víctimas - por disonantes que aparezcan frente a los argumentos del VpR - y la apuesta “autónoma” del Grupo de Memoria Histórica son todos consecuencia de la benevolencia gubernamental).

Para terminar regresa a poner al centro a los soldados víctimas (termina donde comenzó) “nos duele la investigación de los miembros de la fuerza pública”… “gracias al Almirante por su protección en la zona”… “hay que destacar el avance de la seguridad en la zona gracias al sacrificio de los soldados”… “hoy el soldado es radicalmente distinto, gracias a este gobierno”… (evidentemente el encuadre narrativo general no son, ni fueron, las víctimas, todo lo contrario a la convocatoria con la que se realizó el evento). Y para el cierre final de nuevo apunta al revisionismo histórico: “los violentos dominaron nuestro pasado, pero ahora estamos moldeando nuestro futuro” (los paramilitares “desmovilizados” y “rearmados” denominados con el eufemismo de bandas criminales emergentes – BACRIM, superan los 5000 desde el inicio del otro reality denominado proceso de paz con paramilitares. De allí que el futuro que se esta moldeando es la del Estado-en/de-Guerra como forma de gobierno”).